Lo cierto es que llevo dos años despotricando de Rubio, pues me parecía puro hype, un enorme bluff, y un jugador mediocre, especialmente desde que fichó por el Barcelona. Mis motivos eran sólidos: ya no tenía 15 años, no anotaba (5 ppp), no tiraba bien (38 % t2, 27% t3), no tenía confianza en su tiro, se permitían el lujo de flotarle… Y se vieron reforzados un par de veranos seguidos bastante malos con la selección. No pensé que fuese carne de NBA, aunque sí aplaudí su marcha, pues estaba claro que en el Barça había empeorado, y Sada le había ganado el puesto.

Pero me considero un esclavo de la razón, y como tal, he cambiado felizmente de opinión. Desde que ha llegado a la NBA se ha dedicado a callar bocas, la mía incluída, a ritmo de doble doble. Partido tras partido, una actuación soberbia. Ayer por ejemplo, contra los Hawks se cascó 18 puntos, con 12 asistencias, 4 rebotes y 5 robos. Increíble. Y ya no son los números, sino también la manera en la que maneja el tempo del partido, que es en mi opinión lo que diferencia a un gran base (Kidd, Stockton, Bennett…) de un buen base.
El angelito está promediando 11 puntos, 8.3 asistencias, 4.1 rebotes y 2 robos por partido, en 30.8 minutos de juego, con un asombroso 45.5% en t3 y un 46.2% en t2. Y ya no son 3 partidos los jugados, sino casi el 20% de la regular season. Números para ser Rookie of the year. Plas plas plas, bravo Ricky, lo has conseguido.



