A Enrique Dans en su propio blog, con esta respuesta:

[Me llamas tecnófobo, Dans. Es la primera vez que me pasa. Yo, que uso en el despacho un PC (navego con Chrome) y en casa un Mac (entonces opto por Camino); me empleo con interés en Twitter y Facebook, algo menos en LinkedIn; llevo siempre en el bolsillo un iPhone y una BlackBerry, aunque envidio el Android que usa mi mujer; dispongo de dominios .es y .tel; usaba un Zune hasta que me lo robaron (del mismísimo despacho del Congreso); he hackeado un AppleTV y el wi-fi casero me lo proporciona un Time Capsule; mientras escribo esto escucho Spotify; cuando salgo a correr monitorizo mi performance con un GPS; estoy montando un videoblog, para lo cual ya dispongo de la Sony Webbie; quiero que González Sinde se pire y jamás aceptaré que en España se siga el modelo francés de lucha contra la piratería… En fin, que mi problema –si existe- es el contrario de la tecnofobia. Aunque pensándolo bien, tal vez me lo haga mirar un poco.]

Supongo que es lo que pasa cuando calificas a alguien de algo sin estar seguro de ello (aunque las declaraciones previas te daban indicios de que no te ibas a equivocar). Desde luego, antes que tecnófobo, es un tecnófilo como una casa de grande. Por no llamarle freaky :P . Que por cierto, no sé yo que pensará Apple si se entera que un alto cargo del PP anda diciendo en público por ahí que hackea sus sistemas…

Y a mi a medias, porque justo ayer escribí este post sobre Obama y el FB, en el cual decía que el 90% de los políticos eran unos paletos digitales. Menos mal que me dejé ese 10% para cubrirme las espaldas con estas honrosas excepciones.

Un saludo